Los hermanos Romero Valverde arrasan con las motos

Comúnmente los padres prefieren que sus hijos realicen los deportes que a ellos les gustan, y en el caso de Miguel y Marcos Romero Villaverde ha sido así, pero se diferencian con otras familias, en que en esta ocasión, no es el fútbol o el baloncesto, como la mayoría de los niños, sino las motos.
 Los hermanos han heredado el gusto de su padre Miguel Romero, quien ha sido toda su vida un apasionado del motocross, y a la madre, Eva Villaverde, que aunque sea reacia a afirmarlo, siempre le han gustado las motos.
 Ahora sus dos hijos son unos forofos de las motocicletas, y aunque les gustan otros deportes, el primero que dicen cuando les das a elegir es el motocross, sin dudarlo ni un segundo. Tras dos años entrenando los hermanos Miguel y Marcos, de 12 y 7 años respectivamente, empiezan a hacer sus “pinitos” en el mundo del motocross gallego. En la última competición en la que han participado representando a Oza dos Ríos Motor Club, ha sido en el Campeonato Gallego de Trial, en el que han cosechado ambos pódiums. Por un lado, Marcos se proclamó 3º en la categoría de alevín, y por otro lado, su hermano Miguel, 4º en juvenil y subcampeón en TR5. La temporada anual gallega está compuesta por ocho pruebas.

 Miguel, el hermano mayor
Miguel compite con una moto Sherco de 125 c.c., que pesa unos 70 Kg, y la primera vez que corrió quedó en 3ª posición.
 De los dos hermanos, quizá por la edad, es el que parece ser más consciente de los peligros que conlleva conducir una moto. Según el joven “no existe mi vida sin las motos, en el futuro me veo en una todos los fines de semana”. A Miguel se le ve muy cómodo subido en la moto, aguantando interminables momentos sin poner un pie en el suelo, y siempre atento a las indicaciones de su padre. El muchacho, que va al Instituto As Mariñas donde estudia 1º de la ESO, cuenta que en el colegio no pensaban que sabia hacer estas cosas tan difíciles y al principio muchas veces no creían que ganaba competiciones, ahora a sus compañeros les llama la atención este deporte y como queda en las carreras, “además ahora hasta quieren saber cual es mi moto y a algunos les doy envidia” afirma. Lo único que echa en falta es que sea un deporte minoritario y no haya más jóvenes de su edad que practiquen el motocross, cree que si hubiera más niños, podría divertirse mucho y que aprendería más.

El más pequeño de la familia
Marcos Romero debe ser uno de los niños más felices subidos a una moto y en la primera carrera de su vida quedó de subcampeón. Agarra la moto con las dos manos, mira pícaramente alrededor inspeccionando el terreno, acelera y sale rápido, con una enorme sonrisa en la cara y sin aparentar la más mínima preocupación por los peligros que se pueda encontrar en el monte. Lo que más envidia le da a Marcos es que la moto de su hermano tiene embrague y la suya no. Como describe el niño “cuando estoy en la moto me siento bien y feliz”.
 Como toda su familia se emociona hablando de las motos, pero a diferencia de lo que prefiere su hermano Miguel, no echa de menos que haya más jóvenes que se dediquen a este deporte, asegura que se divierte como están ahora y que no quiere que haya más niños en motocross. Marcos no necesita a nadie de su edad que le haga compañía, como a Miguel, pues como afirma el pequeño “a mi lo que más me gusta de todo es ganar, cuando pierdo lo llevo fatal”.
 Los dos hermanos se ponen muy nervioso cuando llega la hora de acudir a un campeonato. Miguel dice “cuando se acerca una prueba me pongo muy nervioso”, tras lo que Marcos añade “yo un poquito menos”.
 Entrenan todos los fines de semana, compaginándolo con los estudios, el fútbol, la mountain bike y la vida familiar. Siempre va Miguel Romero con sus dos hijos y los acompaña por el monte para cuidarles y explicarles, pues es el padre el que más sabe de motos y el que empezó de joven a montar y participó en algunas carreras de trial y enduro, pero este último, le parecía muy peligroso y siempre le gusto más el trial. Los hombres de la familia suelen ir al monte del Gato, que tanto Miguel, el padre, como el hijo, lo conocen muy bien, y zona de la que Marcos asegura que “aún me queda mucho por conocer”.
 La madre, Eva Villaverde, es a la que menos le gusta que sus hijos practiquen el motocross, pero como ella dice “dentro del mundo de las motos las que utilizan son las menos peligrosas. Aunque algunas veces el nivel es alto y la competición es muy difícil y me preocupo más”. A pesar del peligro que puede suponer cualquier deporte en el entrenamiento la madre mira embelesada como practican sus hijos, y afirma que se alegra muchísimo y que se siente muy orgullosa cuando ganan.El corazón y el alma de que estos dos chicos hoy en día practiquen motocross, y quizá con el tiempo lleguen a ser grandes y famosos deportistas es en gran parte debido al esfuerzo de su padre, Miguel Romero, aunque su madre, Eva Villaverde, también ayuda mucho para cumplir sus sueños.
 Como aseguran ambos es un deporte que le tiene que gustar mucho a los padres porque sino los hijos no podrían practicarlo, “implica muchos fines de semana entrenando, viajes para acudir a las competiciones, preparar las motos y arreglarlas, gastos elevados, etc., y en definitiva mucho esfuerzo por parte de los cuatro” afirma el padre.

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