Quinta generación de pirotécnicos en Paderne

­A finales del siglo XIX un vecino de Paderne, conocido como José Castro, había decidido viajar a Cuba dónde quizá podría mejorar su vida, mientras tomaba la decisión unos vecinos de la localidad que trabajaban con la pólvora le enseñaron el oficio.
 Finalmente, Castro no se fue a Cuba, sino que fundó en 1890 la empresa Pirotécnica Areas, que ha ido creciendo a lo largo de los años hasta convertirse en Pirotecnia Rocha-Areas, que en la actualidad es una de las más importantes de Galicia y en la que están trabajado la cuarta y quinta generación.
Del fundador José Castro, la fábrica pasó a manos de su hijo Nicolás, después a Evangelino, quién se la legó a Nicolás Castro Pérez que trabaja junto a sus hijos Rafael y Fernando Castro Deibe.
Pero no sólo los hombres han formado parte de esta gran familia de pirotécnicos, las mujeres han participado siempre en la firma, por un lado, la abuela está ya jubilada pero trabajó toda la vida en la empresa, y la madre, María del Carmen Deibe, continúa trabajando al lado de su marido y sus hijos.
En la fábrica se realiza todo el proceso con la elaboración completa del artificio durante todo el año, y durante los meses de mayo a octubre, cuando son la mayoría de las fiestas, a mayores asistiendo a las fiestas a disparar en los diferentes espectáculos; los típicos de mediodía a la salida de las misas, firmados por bombas, cohetes y carcasas de ruido; y los nocturnos de fuegos de colores.
La calidad de Rocha-Areas en los disparos de fuegos de colores nocturnos, se distingue porque todavía casi el 45% de los artificios que intervienen en sus espectáculos son de producción elaborada en España o artesanalmente en su fábrica.
 Aseguran que desde hace unos 20 años la importación de productos chinos ha rebajado mucho los precios de los productos pirotécnicos disparados en espectáculos nocturnos, y la mayoría de las empresas lo compran todo fuera. Son de los pocos que continúan produciendo de una forma artesana el típico fuego de color gallego, adaptándolo a nuevos artificios como carcasa, pero que el efecto siga siendo el mismo. Esta fabricación manual implica más horas de trabajo y un precio más elevado, pero los entendidos notan mucho la calidad del disparo cuando se utilizan los materiales autóctonos. De estos productos artesanales, destacan la elaboración de dos líneas diferentes de artificios. Por un lado, la que comprende todos los artilugios de ruido (bombas de una explosión, cohetes de varias explosiones, truenos y carcasas de truenos), de los que tienen 16 artificios catalogados con marcado CE, que pueden disparar ellos y algunos de venta al público; y la otra línea de foguetes con efectos de color, de los que tienen 12 catalogados con marcado CE. En esta última línea, adaptan los productos clásicos gallegos de cohetones o carcasas, como son los relámpagos, mariposas ó sostenidos, fugaces, gusanos, etc.
Es una familia que como describen ellos “naces en la pólvora y aprendes de tú padre”, pues todos hemos acabado trabajando en esto, “no sé te ocurre otra salida” afirman. Aún así, el padre Nicolás Castro, asegura que nunca quiso que sus hijos terminaran en la empresa familiar, a ambos hijos les presionó para que estudiaran una carrera universitaria, y consiguió que el mayor Rafael concluyera ingeniería forestal, pero a pesar de ello acabó en la fábrica, por su lado Fernando supo siempre que “lo suyo era esto que él sabía el camino para la pirotecnia”, y cuando su padre le forzó para que estudiara simplemente dijo “yo ya sé cual es mi carrera”. Tanto en Rafael, como en Fernando Castro, se nota el gusto que tienen por su profesión y con la intensidad con la que lo han vivido desde niños, aunque ambos aseguran que a ninguno les gustaría que sus hijos siguieran con el oficio y que intentarán que trabajen en otras cosas, al igual que ya lo intento infructuosamente en su día su padre Nicolás.
En una pirotecnia el trabajo es  técnico y especializado, es una profesión peligrosa y los trabajadores tiene que estar muy capacitados y preparados para que no haya ningún accidente. Toda la familia cuenta que aunque lleves toda la vida trabajando en ello y conozcas la profesión en profundidad del mes de mayo hasta octubre, que es cuando llega la época de ir a las fiestas a hacer los diferentes disparos, estás “todo el día intranquilo, son varios meses en los que sientes nervios a todas horas, pero el día que hay que ir a lanzarlos la noche anterior casi ni duermes, se pasa mucha tensión hasta que empieza la máquina a disparar”.
 El padre que es el que más tiempo lleva yendo a las fiestas afirma que aunque pasen los años el nerviosismo no desaparece nunca, explica que estás intranquilo “ya que en este trabajo nunca se sabe lo que puede pasar, puede haber una explosión incontrolada aunque no suele ocurrir, porque te salgan bonitos los fuegos que corra la brisa y se vaya el humo, que no llueva, que se vean bien los diseños que quieres transmitir, que no haya ningún problema en general, etc., y es imposible evitarlo aunque lleves toda la vida, creo que les pasa a todos los de la profesión”.
Ninguno de los Castro sabría decir cuál es el trabajo más bonito que han hecho, coinciden que en general, cuanto más bonito es el lugar mejor es el espectáculo, aseguran que “todos son especiales e igual de difíciles” y nunca repiten un disparo nocturno.

Las diferentes instalaciones de Rocha-Areas
Al lado de la casa en la que viven los padres estaban las instalaciones originales en las que en 1890 empezó a trabajar la familia. Con el paso del tiempo y teniéndose que adaptar a las normativas de seguridad, ahora cuenta con varias zonas destinadas a la elaboración de la producción y al depósito.
Por un lado, manteniendo las distancias de seguridad exigidas, cerca de la vivienda familiar la empresa tiene un espacio cerrado en el que hay 13 casetas unas destinadas para almacenaje y otras para el montaje. En cada una de estas casetas se realiza una actividad diferente, por ejemplo, en una está la materia inerte, en otra el producto intermedio como el material del foguete, en otra el material acabado, otra es la que se utiliza exclusivamente para el montaje, para cargas de subidas, etc., y así, hasta completar el proceso de elaboración. Cada caseta tiene las distancias adecuadas entre ellas y con el perímetro exterior, lo que evitaría que se incendiaran en cadena. Asimismo, cada una tiene una medidas de seguridad específicas como son: un cartel en la entrada con la información del trabajo que se lleva a cabo en ella, el número de personas que pueden estar, los kilos máximos de pólvora permitidos en el interior, etc.; además en todas hay un extintor y una placa para eliminar la energía electrostática que llevan los trabajadores en su cuerpo que es una de las más peligrosas a la hora de causar un fuego. En el interior las medidas de seguridad son extremas como: las estanterías ancladas al cemento y con toma de tierra, lámparas especiales que han de aguantar más calor que las altas temperaturas que se producirían si hubiera un fuego, todos los cables recubiertos hasta el exterior, etc.
También los trabajadores utilizan material ignífugo y calzado especial que rompe el circuito de la energía electrostática.
Los almacenes de depósito de producto terminado para 10.000 kilos los han estrenado en el 2014, fue de los primeros en España de estas características adaptado a las normativas de seguridad que exige el Ministerio de Industria y Energía en el reglamento de pirotecnia del 2010.
El almacén se encuentran a un kilómetro y consta de dos edificios cada uno con un muro de contención para que sí hay una explosión la deflagración vaya hacia arriba, uno destinado al almacenaje de los artificios de color; y otro, en el que guardan los que elaboran artesanalmente en la fábrica para ruido.

Futuro de las pirotecnias
La crisis no les ha afectado tan fuerte como a otros sectores, aseguran que “los pequeños ayuntamientos no han cambiado casi aunque ahora hay pueblos pequeños con presupuestos de grandes municipios, lo que notamos con la crisis es que los grandes ayuntamientos bajaron mucho las partidas destinadas a los fuegos”.
Según Nicolás Castro, “hace unos 25 años éramos 35 empresas en Galicia, de las que sólo quedan 17, de las cuáles 10 son de la provincia de Coruña, las que han desaparecido las han comprado las empresas que quedamos o han quebrado”.Indudablemente lo que les ha hecho más daño es que en el verano del 2011 la Xunta prohibió los fuegos para evitar incendios, “nosotros tuvimos que echar a cuatro trabajadores” afirman.
Según Rafael Castro “fue una publicidad muy mala para nosotros, al día siguiente de la prohibición, la Xunta sacó un comunicado que aclaraba que los fuegos no estaban prohibidos, pero que había que sacar una serie de permisos y fijarse en el Índice de Riesgo Diario de Incendio. Pero el daño ya estaba hecho, fue un verano muy difícil para nosotros, en donde las comisiones de fiestas y los ayuntamientos el dinero que tenían para nuestros presupuestos se lo gastaron en otras cosas”.

 Inversiones en seguridad
Desde entonces la empresa ha hecho una inversión muy grande en la fabricación de nuevos artificios con papeles ignifugados. Estos profesionales están preparados en la prevención de incendios, y utilizan extintores, palas batelumes, tractores cisterna y vehículos contraincendios cuando los ayuntamientos pueden disponer de ellos, e intentan tener la mayor distancia entre el disparo y terrenos peligrosos.
A pesar de estas trabas la familia sí que ve futuro en los fuegos artificiales, porque como dice Nicolás Castro, “los cohetes y las bombas que fabricamos nosotros no se pueden importar, por sus características no es viable comprarlos en China, y además en Galicia siempre habrá fiestas y verbenas”.

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