Pequeñas miserias

Opinión.— Estas últimas semanas post-electorales han puesto de manifiesto los bajos fondos de la política y sus pequeñas miserias humanas. Y es que los sueños y ambiciones económicas de algunos políticos han estado muy por encima, no ya de los intereses de la ciu- dadanía a la que representan, sino incluso por encima de los intereses de los partidos que los sustentan.

En Ourol, por ejemplo, semanas an- tes de las elecciones municipales el ex-teniente alcalde del PP se enfadó con su partido porque, al parecer, no le daban un puesto en el futuro gobierno y montó una lista con las siglas de Compromiso por Galicia. Como ni uno ni otro partido logró la mayoría, decidieron hacer un pacto de gobierno contra el PSOE (la lista más votada) que le daba a Compromiso la alcaldía. Sin embargo, el día de la investidura, una de las concejalas del PP deja a todos contrariados con su voto a favor del PSOE. El premio: oficialmente, formar parte del gobierno socialista y lle- varse el sueldo de la única dedicación exclusiva del Concello (34.000 euros brutos al año). Curioso.

Curioso también lo acontecido en Foz, donde las tres listas progresistas no fueron capaces de llegar a un acuerdo y cada una (PSOE, BNG y FPF) propusieron a su propio candida- to a la alcaldía. Resultado: vuelve a gobernar el PP en minoría.

En cuanto a la Diputación, algunos periodistas se han empeñado en calificar de “tamayazo” lo que no es más que la escenificación de las ambiciones casi obsesivas de un político que lleva desde muy joven paseando por los pasillos de San Marcos y soñando con que un día sería el presidente del organismo provincial. Manuel Martínez cree merecer ese lugar en la historia de Lugo y no está dispuesto a que la realidad le lleve la contraria. En esta ocasión el azar le llevó a superar varios obstáculos. El primero fue Lara Méndez (la primera opción de Besteiro), que acabó de alcaldesa de la capital. Descartada Méndez, la pugna era con Juan Carlos Santín, que se retiró por no contar con los apoyos sufien- cientes. El tercer obstáculo ha sido, sin embargo, insalvable: la negativa del BNG a apoyar a un candidato imputado. Negativa impuesta por los dirigentes del partido desde Santiago y que ha arrebatado al BNG su casi única parcela de poder institucional y –para qué negarlo– económico. Quién sabe qué depararan las próximas semanas.